El reencuentro con la familia sirve, en mi caso, para recordar con mis hermanos otras navidades cuando éramos más pequeños. Recordar, por ejemplo, aquellas monumentales peleas familiares de nuestras tías, o antiguos almuerzos bajo el emparrado de la casa de mi abuela. Estos días también me sirven para hacer un recuento del año, o mejor dicho de los años que llevo fuera de mi país. Echar de menos a mis amigos que están del otro lado del Atlántico, del otro lado del mundo. Recordar encuentros, brindis, cenas o comidas. Siempre creo que las nuevas tecnologías alivian las distancias porque facilitan el contacto inmediato. Pero también traen el aceleramiento de la producción y por lo tanto el tiempo que nos queda disponible para comunicarnos con los nuestros disminuye en forma alarmante. Nos queda por combatir la fatiga del día a día, las obligaciones múltiples y hacernos un hueco para decir a alguien cuanto lo queremos o lo extrañamos.
Ese es el hueco que me preparé esta mañana, los preparativos de Navidad ya listos para la cena de esta noche. Quería decirles a todos cuanto los quiero y extraño en esta etapa tan particular, viviendo en un país que no se encuentra a sí mismo, viviendo en una ciudad fría e inhóspita, sucia y extraña, cosmopolita y ajena. Un abrazo a todos desde esta guarida.
Ese es el hueco que me preparé esta mañana, los preparativos de Navidad ya listos para la cena de esta noche. Quería decirles a todos cuanto los quiero y extraño en esta etapa tan particular, viviendo en un país que no se encuentra a sí mismo, viviendo en una ciudad fría e inhóspita, sucia y extraña, cosmopolita y ajena. Un abrazo a todos desde esta guarida.
























